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    «He recorrido la medianía de la vida espero complacerme en aquella que se manifiesta sin caretas . Me seduce descubrir la humanidad en que vivo. Es tiempo del intenso desafío de ser honesta y consciente. Anhelo comunicarme desde mi interioridad la que se refleja en los resúmenes adoptados»
    Este diario exhibe mi forma de ser políticamente personal y distendida convencida que lo mejor de mí aún no se ha manifestado. Carol Crisosto Cádiz.

    30 de agosto de 2009

    Las causas de por qué la Iglesia chilena ha perdido poder para influenciar a la opinión pública.

  • Diario de mujer


  • Carlos Peña analiza las causas de por qué la Iglesia chilena ha perdido poder para influenciar a la opinión pública. Rector de la Universidad Diego Portales y columnista de El MercuriO



    Los estudios sobre religiosidad efectuados por el International Social Survey Programme para una muestra de 31 países, muestran que Chile posee un alto índice de creencias religiosas. En esta materia, nuestro país está lejos de países tradicionalmente católicos (pero hoy descreídos) como Portugal, Italia o España, y más cerca, en cambio, de países como Estados Unidos, cuya religiosidad es profusa y variopinta.
    Somos una tierra de creyentes; pero en ella hay cada vez menos católicos.


    A mediados del año 1968, el Papa Pablo VI envió a las conferencias episcopales de todo el mundo el texto de una encíclica. Era Humanae Vitae. En ella se condenaba el uso de cualquier método anticonceptivo, salvo, claro, la abstinencia.
    Apenas la recibió, el Cardenal Raúl Silva Henríquez despachó un cable a Roma: pedía se postergara su publicación.
    El Cardenal opinaba que una encíclica como esa alejaría a los fieles. La Iglesia, pensaba Silva Henríquez, debía aliviar la carga de la vida (especialmente de los agobiados por la pobreza) en vez de hacerla más gravosa.
    La respuesta fue una severa reprimenda. Y la encíclica se publicó igual.
    Silva Henríquez no cedió. En conjunto con profesores de la Facultad de Teología, preparó entonces una intervención por TV. En ella (y haciendo uso de un vozarrón de profeta) subrayó que la conciencia de los fieles era la que tenía la última palabra.
    Cuarenta años después la situación es exactamente la inversa.
    El Cardenal Errázuriz (con una voz que, al contrario de la de Silva Henríquez, es más bien delgada, casi un susurro) no se cansa de condenar una y otra vez el uso del condón e incluso aboga porque no se le publicite de manera directa. La píldora del día después se equipara con una maniobra abortiva y a quienes la defienden se les hace partícipes de una “cultura de la muerte”. La Facultad de Teología enmudece y es reemplazada en el espacio público por la bioética. La sofisticada reflexión acerca de la praxis de la fe es sustituida por la normativa acerca de la praxis médica.
    Allí donde hace apenas cuarenta años había una Iglesia comprensiva con los problemas de la intimidad, pero severa en lo social (son los años en que la Iglesia habla de “violencia institucionalizada” para caracterizar las estructuras sociales y económicas de Latinoamérica), hoy existe una Iglesia que es severa en la intimidad y más bien tibia en lo social (como lo prueba el hecho que ha pasado de diagnosticar un pecado social a sugerir apenas un sueldo ético).
    Exactamente al revés que hace cuatro décadas.
    El resultado es que la Iglesia ha perdido influencia en la opinión pública. Los chilenos (y chilenas, como suele decirse hoy) siguen definiéndose como creyentes; pero ya le hacen poco caso a la Iglesia. La fe (la convicción que la vida humana tiene un sentido que la trasciende y al que nos asomamos mediante la oración y el rito) se ha “desacoplado” de la Iglesia institucional.

    Los incómodos datos
    Los estudios sobre religiosidad efectuados por el International Social Survey Programme para una muestra de 31 países, muestran que Chile posee un alto índice de creencias religiosas. En esta materia, nuestro país está lejos de países tradicionalmente católicos (pero hoy descreídos) como Portugal, Italia o España, y más cerca, en cambio, de países como Estados Unidos, cuya religiosidad es profusa y variopinta.
    Somos una tierra de creyentes; pero en ella hay cada vez menos católicos.
    Así lo muestran los censos.
    Mientras el año 1992 el 76,7% de los mayores de 15 años decía ser católico, diez años después esa declaración la formulaba sólo el 70%. En tanto, la cifra de evangélicos se incrementó de un 6,18% que había en 1970, a un 15,1% en 2002. Estas cifras son consistentes con otros estudios de opinión pública que muestran la presencia, concentrada sobre todo en sectores populares, de los credos evangélicos de origen metodista, asociados a la figura popular de Canut Le Bon (no fue siempre así, por supuesto, inicialmente el credo metodista se concentró en las élites, como lo prueba la fundación del Colegio Santiago College).
    Pero lo más notorio es la baja de católicos observantes.
    La Encuesta Nacional de Iglesia (realizada por la Universidad Católica, el 2001) mostró que quienes se decían católicos tenían una baja adhesión a las prácticas religiosas o a las orientaciones morales de la Iglesia. Apenas un 23% dijo ir semanalmente a misa o algún otro servicio religioso; menos de un tercio condenaba el divorcio; y apenas un 20% se oponía al uso de anticonceptivos (la práctica que, según vimos, condenó Humanae Vitae). Entre 1958 (fecha de una encuesta de Eduardo Hamuy, el pionero de los estudios de opinión) y 1998 (según la encuesta nacional de opinión pública del CEP) el número de católicos observantes había disminuido ¡de 33,2% a un 18,5%!
    En fin, la Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica (del año 2008) mostró que un 47% de los chilenos aceptaba alguna forma de aborto. Y si bien la muestra no se encuentra estratificada por religión, se trata de una cifra alarmante en un país que, según el mismo estudio, tiene un 67% de católicos.
    Lo que sugieren esos datos es que los creyentes ya no van de la mano de la Iglesia. O si se prefiere, que la Iglesia predica hoy en algo parecido al desierto.
    No es pérdida de fe –ya se dijo: Chile es una tierra de creyentes– sino de confianza en la institución eclesial. El capital simbólico de la Iglesia se ha depreciado. Un estudio de marcas muestra que el valor atribuido a la imagen de la Iglesia cayó desde un valor de 91,8% en el año 2001 a apenas un 48,6 en el año 2009 (www.thelabyr.cl).
    ¿Qué está pasando?
    Lo que ocurre es que la religión está transitando de algo que se hereda, a algo que se escoge.
    Ese fenómeno explicaría tanto la pérdida de poder de la Iglesia en la opinión pública, como el auge del Opus Dei o Los Legionarios de Cristo, y otras formas de catolicidad semejantes, en las élites y en los grupos ascendidos.
    ¿Cuáles son las causas más obvias de ese fenómeno?
    Las anunció Marx hace un siglo y medio: el cambio en las condiciones materiales de la existencia.

    Creyentes pero indóciles
    Si se mira lo que ha pasado en Chile en los últimos veinte años, ese proceso no tiene nada, o casi nada, de raro.
    Lo que ocurre es que los chilenos hemos experimentado, en los últimos veinte años, un cambio radical en las condiciones materiales de la existencia. Y esos cambios han sido seguidos por transformaciones culturales que son las que hoy día desafían a la Iglesia (y a la política).
    Veamos.
    La educación básica y media se ha expandido, hoy día la cobertura es casi universal y las expectativas de escolaridad para un niño de cinco años es hoy de 15, seis años apenas una fracción por debajo de los países de la OECD; la educación superior se ha masificado y ya traspasamos el 40% de cobertura y siete de cada diez alumnos son hijos de padres que nunca alcanzaron ese nivel educacional; la vivienda propia, antes una verdadera quimera, hoy día es una realidad para el 75% de los chilenos; el automóvil se ha masificado y los medios de comunicación se han expandido como nunca antes; los malls proliferan y el consumo de bienes materiales y de bienes simbólicos, crece. En suma, hoy día los chilenos vivimos más y vivimos mejor.
    Nunca antes en la historia las grandes mayorías habían experimentado en el curso de quince o veinte años cambios que antes se alcanzaban en dos o tres generaciones.
    En otras palabras, nunca la biografía personal de tantos hombres y mujeres fue capaz de recoger en el curso de su propia vida cambios tan bruscos y tan radicales en sus condiciones materiales de vida. Hemos transitado en todos estos años de ser una sociedad más bien tradicional y excluyente, a una sociedad de masas, inclusiva y más moderna. Los bienes de la modernización y de la democracia −que casi siempre los imaginábamos separados− están por vez primera de la mano en nuestro país.
    El resultado es obvio: cuando usted ha experimentado en el curso de su vida tamañas transformaciones, empieza a creer más en sí mismo y menos en factores ajenos a su propia voluntad. Entonces hasta la fe se hace depender de la propia voluntad. La fe se individualiza y se hace electiva.
    Es que cuando usted ha hecho la experiencia de gestionar su propia vida y acceder a bienes que hasta ayer parecían inalcanzables (esta es la experiencia de buena parte de las mayorías que hoy se llaman aspiracionales y que habitan Maipú o La Florida) usted comulga menos.
    Y en ningún caso lo hace con ruedas de carreta.
    Ser pastor es así más difícil.
    Como usted comprende, no es lo mismo conducir a un puñado de fieles que experimentan la vida como un destino (los chilenos de hace cuarenta años), que dirigir a quienes han hecho la experiencia de transformarla con su propio esfuerzo (los chilenos de los veinte que acaban de pasar).
    A estos últimos les cuesta más tener tutores.
    Así las mayorías se vuelven indóciles. Y las minorías dominantes buscan formas de mantener la diferencia.

    Las élites: diferenciarse por la fe
    El proceso de expansión del consumo hace difícil la diferenciación social. Cuando las profesiones se masifican (hoy día cualquiera es abogado, periodista o rector universitario) y el consumo material alcanza a todos (hasta las marcas se han democratizado) la fe y las creencias pueden ser la tabla de salvación de las élites.
    Las élites que por habitus familiar, o por asimilación, se sienten distintas, necesitan algo que confirme esa diferencia.
    Ellas, que monopolizan el poder social y económico, quieren poseer también la virtud. Y la Iglesia Católica que las maltrató simbólicamente en los sesenta (cuando impulsó la reforma agraria y fustigó las diferencias de clase) hoy día, mediante el Opus Dei o Los Legionarios, provee de un sentido moral al bienestar de que gozan y de un cemento social que consolida redes de intercambios y de influencias.
    El caso del Opus Dei es, en ese sentido, notable.
    Dentro de la catolicidad, el Opus es lo más parecido a la ética protestante que examinó Weber en los inicios del capitalismo.
    Weber constató que el capitalismo se había encendido como una hoguera en los países protestantes más que en los católicos. Como el protestantismo no garantizaba la salvación (si usted se salvaba o no era independiente de sus obras) angustiaba a las personas. Entonces el trabajo metódico y esforzado les permitía escapar de la angustia o adivinar la voluntad de Dios.
    Es lo que se conoce como el ascetismo intramundano.
    El Opus es lo más parecido a eso. Como todos estamos llamados a la santidad a condición que hagamos bien lo que nos tocó en suerte (lo que sus fieles llaman “el deber de estado”), el Opus enseña la ética del esfuerzo, del dominio del carácter y del trabajo bien hecho. La riqueza y el bienestar material no tienen nada de pecaminoso. Son el resultado de la virtud. Así las élites empresariales comienzan a encontrar en esa forma de catolicidad algo que confiere sentido al esfuerzo cotidiano que demanda la modernización y que, a la vez, las diferencia en este mundo donde el mercado y la democracia parecen igualarlo todo.
    Los Legionarios de Cristo cumplen funciones sociales más o menos parecidas.
    Son más pragmáticos que el Opus y más comprensivos con las caídas de sus fieles; pero proporcionan también un sentido de pertenencia moral y de distinción en estos tiempos en que la modernización parece amenazarlo todo.
    Fieles a su origen histórico (surgen en México durante la “guerra de los cristeros” que es, dicho sea de paso, el fondo de la novela de Graham Greene, El poder y la gloria) los Legionarios parecen poseer un sentido de minoría, como si la catolicidad estuviera amenazada por un mundo descreído e infiel.
    Como sea, unos y otros, opus y legionarios, se expanden con naturalidad en los grupos de más altos ingresos, cultivando una fe centrada en la intimidad personal, menos preocupada del incómodo “pecado social”, más ritual que intelectual. Justo lo contrario de lo que han llegado a ser los jesuitas: abiertos a las masas, con una fe más intelectualizada, más preocupados de la teología que de la bioética.
    La Iglesia, por su parte, encuentra en el Opus o los Legionarios una oportunidad de recuperar el poder y la influencia allí donde las masas principian a ponerse indóciles.
    Como quien dice: si no puedes seducir a las mayorías, al menos influye en los grupos que manejan el poder.

    La paradoja de la Iglesia
    Esa es la paradoja de la Iglesia de hoy: débil en la opinión pública, cada vez más fuerte en la cúspide; débil en la calle, fuerte en las minorías que poseen el poder informal.
    ¿Cómo pudo llegar a eso?
    Lo que muestra la literatura, es que la modernización de las sociedades (el proceso que nuestro país ha vivido en las dos últimas décadas) induce en las personas un extendido proceso de individuación. Las instituciones básicas de las sociedades modernas (la democracia y el mercado) invitan a las personas a verse a sí mismos como individuos, como sujetos que son autores y actores del guión en el que consiste su existencia, seres que viven su vida como el fruto de una libertad radical.
    Nada de ese fenómeno (como lo ponen de manifiesto las cifras) impide que las personas tengan creencias religiosas firmes y extendidas; pero esas creencias ya no se viven de manera incondicional, sino como fruto de la libre elección. Es lo que algunos sociólogos denominan la “protestantización” de las religiones. El resultado lo estamos viviendo en Chile: la fe se desacopla de la Iglesia. La gente cree, pero ya no va a misa; tiene convicciones acerca del sentido de su propia vida, pero ya no acepta que ella sea conducida desde fuera de su propia voluntad; reza y se somete a la voluntad de Dios, pero cada vez necesita menos a los pastores.
    En suma, las personas prefieren una fe vivida desde la autonomía. Los tiempos en que las personas se “encontraban” con una religión que estaba más allá de su propio discernimiento, parecen estar pasando.
    Así entonces las masas comienzan a alejarse de la Iglesia (pero no de la fe) y las élites (especialmente económicas) comienzan a agruparse en torno a las creencias las que, en su conjunto, pasan a configurar un estilo de vida que opera casi como un marcador social.
    Ese es, como vimos, el caso del Opus Dei o de Los Legionarios.
    Esa es también la paradoja: una Iglesia débil en la opinión pública, pero fuerte en algunas élites (especialmente económicas) ¿Cómo se evalúa esa realidad desde el interior de la Iglesia?
    Si las mayorías no obedecen, ¿peor para ellas?
    Para la Iglesia no es fácil resolver esa paradoja.
    La Iglesia no puede renunciar a las verdades en las que cree para ganarse el favor de las mayorías. Después de todo, el valor de la doctrina es independiente de la cantidad de gente que adhiera a ella. Pero tampoco puede (como lo advertía Silva Henríquez a propósito de Humanae Vitae) ponerse de espaldas a las mayorías y renunciar a acompañarlas en su vida cotidiana. Algo así equivaldría a renunciar a su labor pastoral.
    Ese es el dilema actual de la Iglesia Católica de hoy: ¿cómo acercarse a las mayorías sin renunciar a las verdades que dice atesorar?
    En la Homilía Pro Eligendo Romano Pontífice, el Cardenal Ratzinger, horas antes de asumir el papado (entonces Ratzinger era un teólogo que se codeaba con lo más graneado de la intelectualidad europea) identificó como el mayor de los peligros al relativismo: “El dejarse llevar por cualquier viento de doctrina −dijo entonces− aparece como el único atisbo que parece imperar en los tiempos actuales”. Nosotros, en cambio, advirtió, “tenemos otra medida, el Hijo de Dios, el verdadero hombre”.
    Así que ya sabemos. A la Iglesia no le quedaría más que proclamar la verdad en la que cree.
    Aunque ello la deje en minoría. Es lo que está ocurriendo hoy. Justo lo que temió Silva Henríquez cuando trató que Humanae Vitae no se publicara.

    http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=2453



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    Etiquetas: Carlos Peña, Iglesia católica, iglesia chilena, Iglesia y sociedad

    20 de agosto de 2009

    Femicidio en Chile

  • Diario de mujer


  • Estoy leyendo que hubo reunión de la La Comisión de Constitución, Legislación y Justicia del Senado, me parece que fue ayer, acordó el aumento de la penalidad para ciertos casos como los Femicidios sobretodo en la cual los hombres terminen con la vida de sus parejas, lo extraño que este delito no existe como tal en nuestra legislación.





    Realmente me descoloca tanto estudio y acuerdo si no hay consenso.

    Se expresa en la comisión que acuerdan criterio para aumentar penas en casos de femicidio
    Desde el diario La Tercera tomé lo siguiente:
    Que el “femicidio” no existe como figura jurídica, la instancia presidida por el senador RN, Alberto Espina concordó en la importancia de definir en el Código Penal este tipo de delitos, pero todavía hay diferencias en torno a la materia.

    “Vimos la importancia de que se explicite en el Código Penal que en el caso de producirse la muerte de una esposa o conviviente, pueda señalarse que ese delito, que en las normas generales sería parricidio, en este caso sea un femicidio y que las penas resulten agravadas en relación a un homicidio simple o calificado”, asumió la senadora DC, Soledad Alvear y que el senador UDI Andrés Chadwick dice que “se ha establecido una figura agravada para el caso del delito como el homicidio o femicidio, según como lo llamemos, para efectos de sancionar con mayor fuerza y con pena agravada el homicidio que se produce con respecto a una mujer cuando existe un vínculo ya sea de cónyuge o convivencia”.

    Lo que no me cuadra es esto: La comisión dejó pendiente la definición de la duración y cuantía de tales sanciones. plop!!

    Fuente : http://www.latercera.com/contenido/680_171459_9.shtml
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    Etiquetas: 13 de febrero aniversario de la Aurora de Chile, Diario de mujer, Femicidio

    11 de agosto de 2009

    Putas y Santas Contra la Violencia Machista

  • Diario de mujer


  • Escrito por Feministas Tramando


    “Putas, santas y brujas, todas contra la violencia machista”, gritaron las mujeres de la Red Chilenala Violencia Doméstica y Sexual en el lanzamiento de la tercera fase de la campaña ¡Cuidado! El Machismo Mata, que se realizó a fines de julio en Santiago y otras nueve localidades del país, desde Arica hasta Osorno. Contra
    Zapatos vacíos de mujeres representaban a las asesinadas, quienes no fueron protegidas por al sociedad ni por la instituciones, a pesar de haber realizado denuncias y contar con medidas cautelares otorgadas por la Fiscalía, denunció la Red en su comunicado.




    En el Paseo Ahumada de Santiago se instaló un memorial con los nombres de las más de 500 mujeres asesinadas entre el 2002 y lo que va del año, algunas de ellas incluso niñas, que por el sólo hecho de ser mujeres, perdieron la vida.

    Este es el tercer año de campaña, que el 2007 profundizó en los femicidios, el 2008 en la violencia sexual y este año en la violencia cultural, como aquella que normaliza situaciones que subordinan y agreden a las mujeres en lo cotidiano: pedir permiso para salir, por ejemplo, o cualquier otro tipo de control por parte de la pareja.

    La violencia institucional es uno de los temas que denunció la Red, señalando que la negación de la píldora y la criminalización de mujeres que abortan son formas de agredir a las mujeres por parte del Estado.

    “Anualmente, 30.000 niñas deben convertirse en madres, las mujeres son obligadas a llevar a término embarazos inviables, a parir los hijos de la violación, y son criminalizadas cuando abortan”, señalaron en el dossier informativo.

    En la acción se hizo un llamado concreto a los medios de comunicación para que se comprometan con la erradicación de la violencia contra las mujeres, evitando invisibilizarlas con términos como “parricidio” o “crimen pasional” que ocultan el trasfondo de este grave problema social: una cultura machista que controla a las mujeres a través de la violencia.














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    10 de agosto de 2009

    ENCUENTRO DE MUJERES PARA DESCUBRIR LA VIOLENCIA RELIGIOSA EN LA VIDA COTIDIANA

  • Diario de mujer



  • La organización Católicas por el Derecho a Decidir (Buenos Aires),Argentina junto al Colegio de profesionales en trabajo social, organiza el encuentro “Develando la violencia de género en tradiciones e instituciones”.
    Fecha: sábado 15 de agosto de 2009, de 14 a 19 hs.
    Lugar: Centro Cultural “Leandro Alem”; Alberdi esquina Avda. Belgrano, Río Grande, Tierra del Fuego.
    Participan: mujeres profesionales, líderes de grupo de instituciones, líderes de las organizaciones de las asociaciones civiles y referentes institucionales.
    El encuentro, organizado por CDD-Bs. As., buscará que las mujeres participantes alcancen conocimientos e información sobre violencia religiosa desmitificando su naturalización en la vida cotidiana.

    El taller será dictado por Coca Trillini, maestra formada en teoría de género y teología, y coordinadora de CDD-Bs. As. Trabajará con el video “Violencia y religión contra las mujeres”, un material que intenta a lo largo de su trama develar como las instituciones que deben dar cobijo, seguridad y garantía del ejercicio de los derechos humanos, como las familias, las escuelas, las religiones, son muchas veces los lugares donde mujeres y niños/as corren serios riesgos.



    La violencia religiosa está presente en la vida diaria de las mujeres a través de mitos sobre la sexualidad, la maternidad como única opción de vida, la sumisión a los hombres. A otro nivel la violencia religiosa se expresa en intolerancia, fanatismo, fundamentalismo, guerras “santas”, religión oficial, inquisición, etc.



    Así, la vida de las mujeres está, aun inconscientemente, regida por patrones de conducta, tradiciones, costumbres que van cercenando sus derechos y colocándolas en lugar de víctimas de violencia. “Entendemos por violencia religiosa: el perjudicar a otros en razón del credo que profesa o por el que no lo hace, la agresión se basa en la diferencia de creencias o prácticas religiosas, o cuando un bando daña a otros por que éstos no ceden a sus dictámenes, o simplemente cuando algunos se convierten en blanco de otros por no adherir a ninguna creencia o práctica religiosa establecida”, dice Trillini.



    Es necesario visualizar, hacer conciente e intentar erradicar la violencia y la discriminación hacia las mujeres, ya que es caldo de cultivo para el femicidio (asesinato de mujeres) en nuestro país y en otros de América Latina.



    Convoca: Católicas por el Derecho a Decidir BS. AS. / Argentina

    Invita en Río Grande: Colegio de profesionales en trabajo social.

    Auspicia: UNIFEM

    Sobre Catolicas por el Derecho a Decidir-Buenos Aires:

    Grupo de mujeres de tradición católica, consolidada y autónoma, empeñado en la transformación de patrones culturales, con reconocimiento e incidencia en la vida social, política, eclesial y cotidiana de la Argentina.

    Misión: Promover desde una perspectiva ética, y de una teología católica y feminista, los derechos de las mujeres especialmente los que se refieren a la sexualidad y la reproducción humana, a través de la creación de espacios de reflexión y acción que influyan en la sociedad y en las iglesias, en alianza con las diferentes expresiones del movimiento social argentino, latinoamericano y global.


    Objetivo: incidir políticamente en escenarios nacional, regional e internacionales, para el avance en el reconocimiento de los derechos sexuales y los derechos reproductivos de las mujeres en Argentina y América Latina, promoviendo una visión positiva de la religión en el campo de la vida sexual y reproductiva.

    Textual: http://www.lalicuadoratdf.com.ar
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    La melodía de mi niña interior

    La melodía de mi niña interior
  • Mi niña interior quiere despertar volver a reír y a soñar como lo hacia tiempo atrás


    Descubrí que mi niña interior posee una gran sabiduría; ella sabe lo que verdaderamente produce su deleite .No piensa en términos de límites y no juzga a nadie por sus diferencias. El ayer no le provoca arrepentimientos, ni tampoco se preocupa de un mañana que aún no ha llegado.

    Es el momento de mirar hacia adentro, y verla, se niña mía que estás esperando que aprenda a vivir este presente que tan rápido se va, estás en mi esperando que vuelva a soñar, que algún día grite de felicidad...
    Perdón, amor, y otras tantas palabras endulzan los oídos de esta niña y la alimenta si le doy caricias a su alma despertando en mi aquellas sensaciones y sentimientos que han permanecido olvidados.

    En medio de la sombra y de la herida me preguntan si creo en Ti y yo digo sí.

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