Mañana en Concepción presentarán a la comunidad un libro dedicado a los trabajadores y al sacerdote Carlos Puentes ex vicario de los DD.HH. de la iglesia Católica en Chile, fallecido hace cinco años, es un libro que recopila testimonios evangélicos del mundo laboral unido a los DD.HH.
Este evento se realiza este miércoles 12,a las 19:30 horas en el Aula Magna de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, se presentará un libro que recoge parte de su vida y de sus mensajes en el campo de la evangelización del mundo del trabajo y los derechos humanos. Este acto ha sido organizada por la Pastoral Obrera del Arzobispado de Concepción. Los presentadores del libro : Enrique Moreno Laval religioso sscc y ex vicario de Pastoral Obrera, junto a el comentará el dirigente sindical Roberto Caro y Patricio Otárola abogado de derechos humanos, .
La presentación del texto fue escrita por Alejandro Goic Karmelic, obispo de Rancagua y presidente de la CECH. Goic y Puentes en tiempos dictatoriales defendieron a los perseguidos e injusticiados de la época.
A ella están invitados trabajadores, organizaciones de derechos humanos, dirigentes sindicales, representantes de comunidades de base, amigos, y ex trabajadores de derechos humanos y a toda persona que disponga de tiempo para acercarse al lugar e interiorizarse de ello.
Lamentablemente no asistiré, Amparito, mi hija menor será premiada por su destacada participación en la disciplina de voley, asi es que mi corazón no estará ausente,les acompañaré desde donde esté.
Habrá que recrearse leyendo tan esperado libro.
Carol Crisosto
¿Quién es Carlos Puentes?
Pastor de los trabajadores y defensor de la sagrada dignidad de la persona humana. Así definen quienes lo conocieron y trabajaron con él, al sacerdote Carlos Puentes Figueroa, fallecido el 21 de mayo de 2002.
Comparto escrito del obispo Alejandro Goic para Carlos Puentes, su amigo entrañable
CARLOS PUENTES, UN AMIGO ENTRAÑABLE
En 1959, al llegar al Seminario Metropolitano de Concepción y comenzar así mi formación al sacerdocio, conocí al P. Carlos Puentes Figueroa. Un tiempo, incluso, fue mi Rector, allá por 1964. Lo trataba obviamente de “usted”. En 1966 me ordenaron en Punta Arenas como sacerdote diocesano. Nos encontramos posteriormente en diversas jornadas nacionales de pastoral. Ahí empezó a gestarse una amistad profunda que duró hasta el momento de su pascua. También comencé a tratarlo de “tú”.
En julio de 1979 llegué a Concepción, nombrado por Juan Pablo II, como Obispo Auxiliar. Permanecí ahí, en esa querida región, hasta fines de junio de 1991. En esos 12 años intensos, hermosos y difíciles se acentuó mi amistad con Carlos y pude conocer más a fondo al hombre, al cristiano y al sacerdote.
Carlos fue un hombre muy inteligente, inquieto por conocer lo que acontecía, con gran capacidad de diálogo. Leía mucho. Buscaba entender las corrientes de pensamiento que influían en los seres humanos. Desde su óptica creyente y de sacerdote de Cristo, que fue lo que marcó su existencia hasta el fin, supo ver las semillas del Reino presente en la historia de todos los seres humanos. Nada de lo humano le era ajeno.
Procuró vivir aquello que dijo el Concilio Vaticano II en el documento “Gaudium et Spes” (Nº 1 – 7 – XII – 1965): “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo”. Coherente con esta afirmación conciliar no vaciló, en momentos complejos de la Patria y, en particular en la Arquidiócesis de Concepción, de ponerse de lado de los sufrientes y perseguidos, fueran o no fueran creyentes. Era el ser humano violentado en su dignidad el que defendía. Animado y apoyado por sus pastores, particularmente por los Arzobispos Sánchez y Santos, desde el Departamento de Pastoral de Derechos Humanos, brindó amplio apoyo a las familias que, angustiadas, acudían a él y al excelente equipo humano que le acompañaba para defender la sagrada dignidad humana. Sufrió incomprensiones, ataques verbales y hasta físicos. Pero él seguía adelante. Su motivación honda y profunda venía de su fe en Jesucristo y en su Evangelio. Servía a la Iglesia de Jesucristo, a la Iglesia del Buen Samaritano que procuraba sanar a los heridos del camino.
Yo fui testigo de su coraje evangélico para decir lo que tenía que decir y hacer lo que hizo en fidelidad a Jesucristo y a su Evangelio.
Yo fui testigo de su total dedicación, para acoger y dar aliento y esperanza a centenares de personas y familias angustiadas por la suerte de sus seres queridos.
Yo fui testigo de su pasión por la justicia, de su amor a sus queridos fieles de la parroquia Santa Cecilia que lo tuvo como pastor hasta el último día de su vida.
Yo fui testigo de su entrega en la Pastoral de Trabajadores, de su esfuerzo por formar dirigentes y de dignificar las personas de todos los hombres de trabajo.
Yo fui testigo, en una visita que le hice desde Osorno, de su fe y serenidad para enfrentar la hora decisiva de todo ser humano: su pascua, la hora de pasar de este mundo al definitivo. Ninguna queja, ninguna palabra amarga. Fe en el Resucitado, fe en el reino, donde todo será definitivamente bueno.
Yo fui testigo del impacto que provocó su pascua. En Santa Cecilia en Talcahuano, en la Catedral de Concepción, en el Cementerio de Penco. Un pueblo lloraba, una multitud lo despedía. Hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos con los ojos humedecidos le daban el último adiós al pastor bueno y fiel que gastó su vida en amarles y servirles. Presidí en la tarde anterior a sus exequias y en la mañana al despedirse de su querida Parroquia Santa Cecilia, la Santa Eucaristía. Confieso que lloré. La emoción me invadió. Acompañé al Arzobispo A. Moreno en la Catedral y en Penco. Ahí volví a llorar. No de pena. De emoción, de gozo por haberlo tenido como amigo entrañable.
Una vez leí, a propósito de la muerte de una personalidad mundial: “ No son los años los que engrandecen la vida de un hombre, sino lo que ese hombre hace con sus años”. Carlos Puentes, mi amigo entrañable, engrandeció su vida, su sacerdocio y su ministerio, porque hizo de sus años un don para los demás, especialmente para los más pobres, desvalidos y perseguidos, y lo hizo desde Jesucristo y su Evangelio. ¡Dios sea bendito por habérnoslo dado!
+Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua
Presidente
Conferencia Episcopal de Chile
Fuente_:: Tribuna del Bío Bío.
«He recorrido la medianía de la vida espero complacerme en aquella que se manifiesta sin caretas . Me seduce descubrir la humanidad en que vivo. Es tiempo del intenso desafío de ser honesta y consciente. Anhelo comunicarme desde mi interioridad la que se refleja en los resúmenes adoptados»




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¡Hola!
Te cuento que tendré el hnor de estar ahí junto a mis padres que son dirigentes sindicales. Chau